Cronología

lunes, 9 de marzo de 2015

Desde un veintinueve

Desde un veintinueve un pedacito de nuestra alma se fragmentó, para unirse al infinito mar del polvo; desde ese veintinueve que moras en mi corazón, apareciendo con tu bigote y sonrisa incompleta, tu olor a cigarro y risa pegajosa, tus ganas de porotos, ajo y pebre, tu cariño y compañía infinita.

Desde otro veintinueve que encontré en el suelo de la vida un nuevo trozo de alma, con el cual darle sentido a mis días y a toda la vida que me queda por vivir; desde ese veintinueve que hay una luz nueva en la casa, una risa que nos reúne cuando creíamos todo roto.

Desde hace varios veintinueves que te extraño, pero desde hace otros veintinueve que volviste a nosotros.

viernes, 14 de febrero de 2014

De artesanías y amor

El amor es un poder activo en el hombre, un poder que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separatidad, y no obstantes le permite ser él mismo, mantener su integridad. En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.

En el ejercicio de un afecto activo, el hombre es libre, es el amo de su afecto; en el afecto pasivo, el hombre se ve impulsado, es objeto de motivaciones de las que no se percata (…) el amor es una acción, la práctica de un poder humano, que sólo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una compulsión.

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un «estar continuado», no un «súbito arranque». En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que es fundamentalmente dar, no recibir.

¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa «renunciar» a algo, privarse de algo, sacrificarse.

Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de mi potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.

¿Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no significa necesariamente que sacrifica su vida por la otra, sino que da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza-, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así de su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio. No da con el fin de recibir; dar es de por sí una dicha exquisita. Pero, al dar, no puede dejar de llevar a la vida algo en la otra persona, y eso que nace a la vida se refleja a su vez sobre ella; cuando da verdaderamente, no puede dejar de recibir lo que se le da a cambio. Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas. En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor. Marx ha expresado bellamente este pensamiento: «Supongamos, al hombre como hombre, y su relación con el mundo en su aspecto humano, y podremos intercambiar amor sólo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente. Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia».

Erich Fromm
"El arte de amar"

sábado, 28 de diciembre de 2013

Un veintisiete de diciembre, un veinticuatro de octubre.

Los nudos en el estómago no me dejan hablar; las lágrimas inundan mis mejillas y labios. Los recuerdos se suceden en infinitos torbellinos que arrasan con mi entereza, porque te veo ante mí, tan niña y frágil como lo has sido siempre, tan inconcebiblemente adulta, que me aterroriza imaginarte en nueve meses más. Dulce pequeña, las transformaciones que la vida trae para ti ahora son inimaginables, pero no puedo sino permanecer acá, junto a ti, en cada paso, cada lágrima, cada risa, como lo he intentado hacer desde que te vi por primera vez.